"Todo está perdido": Redford, en mudo

La producción de J.C. Chandor es protagonizada sólo por Robert Redford

Hace unos años el nombre de J.C. Chandor cobraba notoriedad cuando apareció en las listas del Oscar nominado ni más ni menos que a Mejor Guión Original por esa  angustiante intriga bolsero-económica titulada "Margin Call", su opera prima en largometraje. Una interesantísima trama y planteamiento de un desastre bursátil que exponía el mundo frívolo, salvaje, competitivo, cruel y torcido de la gente que opera los mercados. La cinta bien lo vale y otorgó a Chandor una justa llamada de atención que lo llevó a escribir y dirigir su siguiente proyecto, de alguna forma más chico y por otra por demás aparatoso y complicado: "Todo está perdido" (All Is Lost).

Una mañana cualquiera, en medio del océano, un navegante de edad avanzada es despertado con sobresalto cuando el interior de su yate está completamente inundado. Al salir a cubierta descubre que su yate chocó contra un contenedor metálico que flotaba a la deriva, procurándole un considerable agujero al casco de su nave por el cual se filtraba el agua al interior. Con este desastre, la radio, el radar, el motor y demás instrumentos quedan inutilizables, dejándolo en medio de la nada y siendo absorbido por una tormenta que se va formando. La catástrofe es acumulativa y progresiva. La lucha por sobrevivir utilizando cualquier recurso o conocimiento es ahora el desesperado motor de este hombre que solo  pelea cuando todo está perdido.

De entrada pareciera que hemos visto una y mil veces este film, pero borremos de nuestras mentes cualquier referencia que les venga a colación. No es "Life of Pi" ni "Cast Away". Olvídense de Robinson Crusoe, La familia Robinson y "A Perfect Storm"; eliminen los aparatosos desastres de "Titanic" y  "Poseidon". Aunque el telón de fondo pareciera ser el mismo, aquí el tratamiento es completamente diferente, lo que lo hace único y al final del día en donde recae la grandiosa cualidad de este largometraje.

Para empezar a desglosarlo, déjenme pegar un brinco a los créditos finales para que puedan darse una idea de lo que les espera. Al avanzar el reparto de la película en estos créditos, aparece la siguiente leyenda: "Nuestro Hombre: Robert Redford". Punto final. Eso es todo el elenco y todo lo que hay. No es la primera vez que se hace, pero en pleno siglo XXI tener osadías como hacer una producción que recae sobre un solo personaje es ya un acto transgresor de formas, amén de una cuestión de tremenda originalidad. Pero eso no es todo. Hay que decir que los diálogos totales de la cinta podrían caber en media cuartilla de papel. Todo comienza con una voz en off en forma de despedida y por ahí hay un intento de comunicación vía radio. Es todo.

Tenemos entonces una película casi muda que a base de trabajo físico, expresiones y situaciones te provoca la peor de las angustias con prolongados entumecimientos y contracciones musculares. La trama es incómoda y sofocante. La lucha de este hombre por mantenerse a flote, mental y literalmente, es el constante elemento que marca el ritmo de una paralizante historia que le valió a Redford regresar a las listas de nominados en el Globo de Oro y el Independent Spirit Awards, siendo ignorado por su gremio en el SAG y por la Academia. Quizá no es una interpretación gloriosa y eterna, aunque el mero ejercicio actoral como tal ya suponía una cuestión diferente a lo que los demás ofrecieron y un reto por donde se mire. A veces es simple e inmutable, otras se lo ve angustiado, sofocado o simplemente perdido.

Visualmente el trabajo del fotógrafo Frank G. DiMarco (con quien J.C. Chandor filmó también "Margin Call") tenía ya de entrada la tremenda dificultad de tener que tirar en medio del mar y con las condiciones con las que se hizo la cinta, ya sea en los reducidos espacios o justamente en la inmensidad violenta de una tormenta. Notable esa parte, al igual que la música de Alex Ebert (vocalista de la banda Edward Sharpe and The Magnetic Zeros) son enormes cualidades.

La República Argentina tuvo el gozo de tenerla en cartelera en el mes de enero, pero este viernes se estrena en salas de México esta interesante cinta que, por supuesto, vale la pena. Con sólo nueve u$s9 millones como presupuesto nos ofrece esa frescura y originalidad que el cine independiente regala. Interesantísima en sus formas. No se la pierdan.
por Rafa Sarmiento

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