"The Hobbit: The Desolation of Smaug", sublime

El nuevo film de la trilogía de Peter Jackson es más emocionante que el anterior. Acción, efectos especiales y batallas, asegurados

Crítica a "The Hobbit: The Desolation of Smaug"
4 estrellas sobre 5

"El Hobbit: La desolación de Smaug" (The Hobbit: The Desolation of Smaug), la segunda parte de la precuela de "El señor de los anillos" (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring), es una asombrosa furia visual que usa todo lo que provee la tecnología moderna, incluyendo un deleitoso 3D. La historia entretiene magníficamente y las actuaciones del elenco son convincentes y a su medida. La única queja es nuevamente su larga duración de 2 horas y 40 minutos que reta los límites de la paciencia. Aparte de eso, diría que es mejor que su predecesor hasta el último emocionalmente cargado fotograma. 

La película continúa la aventura del personaje principal, Bilbo Baggins, en su recorrido con el mago Gandalf y los enanos liderados por Thorin Oakenshield; una épica travesía para retomar la Montaña Solitaria y el reino perdido de Erebor. Habiendo sobrevivido al comienzo de su inesperado viaje, la compañía viaja hacia el Este, encontrándose en el camino a Beorn el mutante y un enjambre de arañas gigantes en el traicionero bosque de Mirkwood. Tras escapar de su captura por los duendes del bosque, los enanos viajan a la Ciudad del Lago y, finalmente, a la Montaña Solitaria, donde deben enfrentar el peligro más grande de todos: el Dragón Smaug (voz de Benedict Cumberbatch). 

Peter Jackson, el director y guionista de todas las producciones de este universo, supo que esta segunda parte de la trilogía de "The Hobbit" le iba permitir entregarle lo que a la primera no pudo: un paso veloz desde el principio. Este ritmo hace que la experiencia de sentarse por casi tres horas sea más tolerable. Comparado a su predecesora, donde tuvo que lentamente presentar a los quince personajes principales, el realizador y sus guionistas colaboradores, que incluyó al mexicano Guillermo del Toro, pudieron usar un paso sin descanso y entrar a la historia directamente, por lo que no hubo necesidad de mucha exposición. Como resultado, se siente como un thriller, al intensificar las escenas de acción y aumentar las apuestas de los personajes. 

Examinando las actuaciones, cada estrella trajo peso y convicción. En manos de menos talentosos actores, el largometraje se hubiese sentido como una parodia caricaturesca hecha para distraer bebes. El que más se destaca es Richard Armitage (Captain America: The First Avenger). También está la siempre excelente interpretación de Ian McKellen cual Gandalf y la muy acertada de Martin Freeman como Bilbo, quien parece un Woody Allen en la Tierra Media. Grato fue ver el regreso del personaje de Legolas (Orlando Bloom), actor que nació y fue destinado para hacer este papel. Él, junto a Tauriel (Evangeline Lilly), la capitana de la guardia de Thranduil y un personaje completamente nuevo que fue agregado a la historia, formo parte de las mejores escenas. 

Acción, efectos especiales y batallas sangrientas abundan, pero lo que no sobra es la sustancia emocional. ¿Por qué las tres cintas de "El señor de los anillos" pudo mezclar visuales y emoción dentro de ellas y en esta trilogía no? Una teoría es que Jackson se obsesionó con la tecnología y sacrificó parte del sentimentalismo del guión para entretener a su audiencia.  

No puedo culpar a Jackson por embobarse con la nueva ciencia técnica del cine. Bajo su dirección y continuando con la técnica de la primera, "The Hobbit: The Desolation of Smaug" se filmó en 3D a 48 cuadros por segundo usando las más refinadas cámaras Red Epic. Compactas y móviles, las cámaras lograron fácilmente rodar con rieles, grúas y cámara en mano, captando más información que las convencionales de cine. El departamento de cámaras tenía 48 Red Epic a mano y 24 equipos 3D de la firma de 3D Reality para darle al director posibilidades ilimitadas. La producción se llevó a cabo en las instalaciones propias de Jackson en Miramar, Wellington y en locación en Nueva Zelanda. 

En definitiva, pese a que "The Hobbit: The Desolation of Smaug" carezca de la maestría de la trilogía anterior, es una gran película y merece ser vista. La ejecución, tanto visual como narrativa, es impecable, una superproducción sublime para un fin de semana por la tarde. Eso sí, lleven ropa cómoda porque es larga.
por Jack Rico