"The Grand Budapest Hotel", otra joyita de Wes Anderson

El film es de esos que te sacan de la sala de cine ligero, contento y satisfecho

Simplemente cautivadora y esto lo digo línea por línea y en lo colectivo. No se necesita ser un seguidor del estilo y quehacer de Wes Anderson para quedar prendido de "The Grand Budapest Hotel", su nueva producción cinematográfica que, como siempre, obedece a un diseño de arte, estética, decoración de set, vestuario, movimientos por demás peculiares e identificables. El de Texas presenta hoy sin duda una de sus tres mejores películas y, si aprietan, quizá una de las dos.

Una imaginaria república socialista en la fría Europa del Este alberga en la montaña un hotel que en la década del 30 vivió un esplendor. Ahora, con la natural austeridad que trae el régimen, quedan añejos y mohosos recuerdos que son recapitulados, revividos y narrados por el dueño de ese lugar a su curioso nuevo gerente de operaciones. En retrospectiva, el esplendor de este aposento recaía sobre su antiguo gerente o el gran ama de llaves, un peculiar gigoló que hereda esta propiedad de una forma inusual y que como la misma cinta es absurda e incoherente.

"The Grand Budapest Hotel", a pesar de plantear desde el principio el final y tener la conclusión sobre la mesa, te lleva a un inimaginable e impredecible camino de narrativas. Una chica en nuestros días que, al pie de un monumento a un finado escritor, lee la historia que en los 70 escribió cuando conoció a un hombre que en los 30 vivió la aventura de su vida. Parece complicado, pero fluye con naturalidad y como agua.

Como continuamente sucede con Anderson, el amor, la ternura y los inmensos toques de comedia a veces amarga, a veces inocente y a veces torcida, aderezan la trama pintada por los casi caricaturescos personajes. Un histérico pero modoso-amanerado, perfeccionista, educado y seductor Ralph Fiennes encabeza la aventura que comparte con un aprendiz de Bell Boy, el fiel y huérfano inmigrante enamorado de una chica con un lunar en el rostro con la forma de México. Sí, así de bizarro y divertido es todo.

Los viejos colaboradores del cineasta dicen presente, quizá en dosis pequeñas, apenas asistencias que inevitablemente hacen sonreír al espectador por recordar los viejos proyectos. Están, por ejemplo, el gran Bill Murray, quien aparece en muchas de las cintas de Anderson, Adrian Brody, Jason Schwartzman, Owen Wilson (The Darjeelen Limited), Edward Norton (Moonrise Kingdom), Tilda Swinton y William Dafoe (que prestaron su voz en "Fantastic Mr Fox") y muchas otras caras como Jude Law, F. Murray Abraham (Amadeus), Jeff Goldblum (The Fly y Jurassic Park),  Harvey Keitel y Tom Wilkinson.

En personajes secundarios, con apenas en un par de cameos, se vislumbra a Léa Seydoux, francesa ganadora de la Palma de Oro en Cannes por Mejor Actriz con la erótica "Blue is The Warmest Colour", así como el actor vienés Karl Markovics,  protagonista de la ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera "Los Falsificadores". ¿Se puede pedir más? Si esos son los actores secundarios, ¿tienen la mínima idea de la trama y los lugares a los que pueden ser llevados?

Respecto a la historia, fue concebida por Wes en colaboración con Hugo Guinness, con el que ya se había inventado "The Royal Tenenbaums" y "Fantasti Mr Fox" y con quien trabajó en el –básico en un film del director– Departamento de Arte. Los créditos indican que están basados en el trabajo de Stefan Sweig, un escritor austriaco célebre por ser de los primeros en haber publicado textos en contra de la ocupación nazi en "el reino del este". 

Robert Yeoman es el encargado de fotografiar la producción con la gracia y recurrencias de Anderson, como esos largos dollys verticales que pasan de habitación a habitación. Es una de esas viejas manías que siguen siendo fantásticas. Por supuesto, este trabajo va íntimamente relacionado con la decoración de set de Anna Pinock (responsable de "The Fifth Element" y  "Gosford Park", por ejemplo), el vestuario de la ocho veces nominada al Oscar y ganadora en tres ocasiones Milena Canonero (colaboradora en los vestuarios de varias cintas de Stanley Kubrik, Coppola y el mencionado realizador) y diseño de arte de Stephan Gessler, cuyo trabajo es tan variado como para haber hecho "V for Vendetta", "Hellboy" y "Unglorious Bastards". ¿Cereza del pastel? Claro que la hay: la música –maravillosa, por cierto- es del francés Alexander Desplat.

Tenemos un equipo de producción y de protagonistas de excelencia en una graciosa -e insisto- absurda y bellísima historia, cargada de comedia negra e ironías. Notable lo que hace Fiennes con una aplastante gracia. ¿En qué se ha convertido el inglés? Escribe, dirige, actúa. Su carrera está tomando un rumbo interesantísimo.

Habrá que poner atención en la cartelera porque desgraciadamente el largometraje saldrá con una limitación en cuanto a copias, por lo que deben consultar y buscar como sea donde ver esta gran cinta que, muy probablemente, sea la de más cualidades en esta época del año dominada por los superhéroes, las franquicias y la acción.

El pasado 20 de marzo se estrenó para la República Argentina, mientras que a México llega el 25 de abril, aunque hay ciertos circuitos y muestras que ya la están ofreciendo. Absoluta y totalmente recomendada. De esas pelis que te llenan los pulmones y te sacan de la sala de cine ligero, contento y satisfecho.
por Rafa Sarmiento