"Mea máxima culpa", un durísimo documental

La absoluta indiferencia hacia las víctimas de abuso es retratada por Alex Gibney, ganador de un Oscar en 2007

"Un pedófilo no es simplemente un pecador… Es un absoluto criminal que planea meticulosamente sus crímenes y que muchas veces reincide", dice uno de los entrevistados en el documental de Alex Gibney "Mea Máxima Culpa: Silencio en la Casa de Dios" que, básicamente, narra y expone los diferentes casos de abuso infantil que miembros de la iglesia han perpetuado por siglos, frente a la mirada fría, indiferente, cómplice y solapadora de un Vaticano que nada hace por detener a estos agresores y mucho menos por las víctimas de estos. El realizador ganador del Oscar en la categoría de Mejor Documental en 2007 llega con esta obra por demás valiente que el año pasado fue producida y que recoge sonados casos de este tipo de abusos, especialmente en la Unión Americana. 

El documental comienza con la historia de la Escuela para Sordomudos San John, de Milwaukee, Wisconsin, en donde un sacerdote de nombre Lawrence Murphy abusó sexualmente de –un estimado de- 200 jóvenes. Las formas en las que eran escogidos, los atropellos y dolores son narrados por voces prestadas al lenguaje por señas que sus víctimas  -hoy en la cuarta o quinta década de vida -expresan. La indignación como espectador trasciende a los detalles de los crímenes sexuales cuando son mostradas la absoluta indiferencia, silencio y complicidad con la que la máxima autoridad católica ha reaccionado e incluso justificado estos actos.

Casos en Irlanda del Sur e incluso el sonado y lamentable caso del Padre Marcial Maciel en México y el encubrimiento y complicidad con el Secretario del Estado Vaticano, Cardenal Ángelo Sodano, son examinados y expuestos con testimoniales, documentos, entrevistas, artículos, opiniones y archivos que, en pocas palabras, señalan la negligencia absoluta con la que aquel "estado" (creado durante el fascismo italiano de Benito Mussolini) se ha conducido. 

Desde el 2001 cada caso de abuso sexual a un menor en el mundo por parte de un miembro de la iglesia iba al escritorio del Cardenal Joseph Ratzinger, más tarde nombrado el Papa Benedicto XVI.  Él fue quien tenía conocimiento de todos; quien abrió  y reunió la evidencia del expediente de Maciel una vez muerto Juan Pablo II y quien por primera vez abrió la boca del tema públicamente, pidiendo una disculpa y tomando ciertas medidas. Sin embargo, la cantidad de casos, el conocimiento de los mismos, el voto, la fidelidad y esta ley "interna" que no permite que un caso sea juzgado civilmente, rebasó por completo las capacidades de este y la institución, que se ha dedicado a negar, minimizar y culpar a su alrededor incluyendo a las mismas víctimas. Los casos son tan continuos que se ven ya con ojos normales hacia el interior y hacia el exterior, como una sociedad arraigada a la doctrina y a una cultura basada en la culpa se cae en la negación y justificación de los atroces actos.

Es una obra fuerte por su temática e implicaciones. Es desgarradora e indignante y mantiene una línea narrativa a la que se le tiene que poner mucha atención. Son muchos hechos, muchos nombres, datos, personajes los que presenta y perder el hilo de algo puede hacer no entender del todo el caso.

Magistralmente realizado, es una gran obra que bien vale la pena ver. No se puede hacer caso omiso frente a este tipo de situaciones. El mismo documental expone que en los países desarrollados ha sido un proceso lento y muy difícil y para América Latina lo peor está por venir: aún no se denuncia, se disculpa y encubren este tipo de delitos sexuales donde tristemente las víctimas son siempre niños. "Mea Máxima Culpa: Silencio en la Casa de Dios" abre en México este viernes e, insisto, es una obra que tiene que verse.
por Rafa Sarmiento - @rafalitosarmi