"Dallas Buyers Club", todo sobre los actores

Las interpretaciones de Matthew McConaughey y Jared Leto son impecables. Ambos figuran entre los nominados de los Golden Globes, los SAG Awards y los ISA.

El director quebequense Jean Marc Vallée ("La Reina Victoria" y "C.R.A.Z.Y") llega con uno de esos proyectos  de bajo presupuesto que llaman mucho la atención por la exigencia actoral que representa para sus protagonistas. Se llama "Dallas Buyers Club"y es el primer guión para Craig Borten, quien comparte los créditos de la historia con quien fuera la escritora de "Mirror Mirror", Melisa Wallack.

La década del ochenta va comenzando. Una nueva plaga ataca a la humanidad. El desconocido SIDA está consumiendo sobre todo a la comunidad homosexual, a quien se le achaca la aparición de este extraño virus incurable, progresivo y letal. Ron Woodroof es un vaquero texano, borracho, mujeriego y promiscuo. Contagiado con el virus de inmunodeficiencia humana y buscando una salvación, inicia una especie de comunidad entre los infectados, que son tratados a base de sustancias no aprobadas por el gobierno. Se convierte entonces en un enemigo para algunos y la esperanza para muchos otros. En este camino de búsqueda y supervivencia, aprende y descubre valores humanos básicos que su vieja personalidad prejuiciosa y autodestructiva había olvidado o reprimido. "Dallas Buyers Club" es una historia basada en la vida de Ron Woodroof, un hecho verídico.

Olvidémonos de "Philadelphia", pues el tratamiento es completamente diferente, pero recordemos un poco aquel duro documental nominado al Oscar el año pasado "How To Survive a Plague", el cual les recomendamos. Esa obra retrata muy de cerca la apatía y reacción tardía que tuvo el gobierno y los laboratorios farmacéuticos, así como la lucha que mantuvieron activistas infectados con el VIH por tener atención médica adecuada, fármacos económicamente viables y una investigación seria y urgente de dicha enfermedad. Creo que ese panorama plasma muy bien el telón de fondo en el que "Dallas Buyers Club" se desarrolla.

Panorama de desolación, miedo incontrolable, rebeldía y furia, desesperación, abandono y arrepentimiento son los estados de ánimo predominantes en una trama muy bien llevada en una historia que, sin duda, se tenía que contar y que es absorbida con rabiosa fiereza interpretativa por Matthew McConaughey y Jared Leto, sus dos protagonistas.

Es cierto -y para qué negarlo- que la transformación física que requirieron este par de actores bonitos es una cosa que te quita el aliento y en momentos hasta el sueño. Matthew perdió cerca de 19 kilogramos para darle vida a Ron, mientras que Jared Leto (que ya era un tipo bastante flaco) redujo cerca de 14. ¿La intención? Estar en los huesos, con la piel pegada, las venas saltonas, los pómulos prominentes y tener un aspecto de consumo por implotación.

A la Academia y demás organismos que premian la calidad del cine siempre les encanta que la belleza física de los actores quede borrada y olvidada por las exigencias de un papel que conviertan a estos seres hermosos en enfermos, locos, deformes, monstruos o simplemente gente normal. Fue el caso en esta cinta: ese Adonis hijo de Cíniras y nieto de Apolo llamado Matthew McConaughey, cuya imagen clavada era la del rubio ojiazul de piel tostada y músculos marcados, quedó reducido a las cenizas. Jared Leto, quien tenía cuatro años sin estar en la pantalla grande y que ya nos había dado una lección de dura interpretación en "Requiem for a Dream" llega con su andrógino papel del frágil y atormentado Rayon, el travestido y sufrido Rayon.

Sería quizá una injusticia decir que todo el poder y encanto de las interpretaciones de estos dos recae en su transformación física y en el esfuerzo que seguramente hicieron para perder todos esos kilos. La realidad es que hay cualidades emocionales fortísimas a lo largo de la cinta y un par de escenas donde la devastación sentimental será provocada en el espectador a través de esas convincentes actuaciones.

"Dallas Buyers Club" tiene un guión y seguimiento un tanto predecible, pero la calidad indudable está en el desarrollo y -sin duda alguna- el peso específico de la película está calculado en base a las capacidades histriónicas de sus protagonistas. Es una cinta de actores, un film sobre las emociones. Es un ejercicio fuerte, carente de recursos externos. Es casi teatral.

La producción, aunque perfectamente bien ambientada y situada, es sumamente modesta, lo que le da también una atmosfera más "sepia" si me permiten la expresión. Hay siempre este halo deprimente porque la misma historia contada y las condiciones humanas de los involucrados en el desarrollo son ya una deprimente derrota. Es densa y difícil. Es triste y una boconada de humo asfixiante de dura  e incómoda realidad. Es una muestra de nuestros prejuicios y egoísmo, así como la sociedad y esquema familiar con el que vivimos.

Decidí empezar esta columna por su director, el franco-canadiense Jean Marc Vallée, porque estoy seguro que, mientras sus dos protagonistas –y de forma más que merecida- están siendo foco de atención en las nominaciones a las diferentes premiaciones, difícilmente logrará una sola mención. Sin embargo, hay que recordar que cuando un actor proyecta de forma adecuada es también mérito de un realizador que lo supo encaminar, inspirar y guiar por los tenebrosos caminos emocionales.

Ambos, McConaughey y Leto, están en las listas de los Independent Spirit Awards, de los Premios del Sindicato de Actores (SAG) y de los Globos de Oro y, muy probablemente, se cuelen a las de la Academia. La verdad es que son grandiosas interpretaciones y, por verlos en esta faceta triste y dura, vale la pena ver esta grandiosa película. Hablar de las posibilidades que tienen es difícil. Leto compite en los ISA y SAG contra Fassbender, quizá el más fuerte contendiente y favorito en dichas categorías de dichas premiaciones. Para McConaughey algo similar sucede. Tiene de frente al londinense Chiwetel Ejiofor, quien quizá pinte como preferido. Difícil saberlo aún.
por Rafa Sarmiento

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